Inicio ViveZaruma.com.ec
  Nuestra Gente
  Nuestras Parroquias
  Simbolos Cantonales
  Personajes Ilustres
  Personajes Populares
  Costumbres
  Tradiciones
  Leyendas

 

 

 

 

 


LEYENDAS

La rica cultura zarumeña, genera una impresionante cantidad de leyendas, que ponemos a vuestra consideración, como una práctica cultural que fortalece nuestra identidad.

Títulos de algunas leyendas

  • La Tacona
  • Los ajíes de oro
  • El duende en las minas de oro
  • La paila de oro
  • La laguna encantada de Chinchilla
  • El juego con bolas de fuego entre los Cerros Zaruma Urcu y el Santa Barbara
  • La Villa del Cerro de Oro
  • La Vaca que cayó del cielo
  • La Dama Misteriosa
  • Los Tirapiedras
  • El Señor de Roma
  • El Diablo en la Calderona
  • El Gagón
  • La Camilla Misteriosa
  • Mulas para la Tropa
  • Las Brujas
  • El Arriero Misterioso
  • Domingo de Ramos
  • El Tren
  • Un Milagro en la Guerra

DON JUAN MACAS

Autor: Gonzalo Rodríguez Calderón

Fue Don Juan Macas un hombre rechoncho que se ganaba la vida como zapatero remendón, pues siempre se lo veía en un cartucho de la calle Rocafuerte ya golpeando la suela en un fierro colocado en su rodilla o moviendo la lezna para coser la “media tapa” a algún maltratado y viejo zapato. Allí acudía la gente a ordena la reparación de su calzado o a gozar de las delicias de Don Juan.

Pero el querido hombre rechoncho de este recuerdo, fue más conocido en Zaruma por ser sacristán que por ser zapatero y una de sus grandes habilidades fue el manejo de las campanas de la Iglesia Matriz.

Lanzaba las campanas al vuelo, con una habilidad y dulzura extraordinarias para llamar a la misa de los feligreses, era un repiquetear tan dulce que mientras los oídos se deleitaban las golondrinas danzaban alegremente. Sin intención de ofender, jamás en Zaruma, nadie ha vuelto a tocar las campanas como lo hizo Don Juan Macas.
Más, si hablamos de alegres repiqueteos, debemos señalar su contraste, pues, cuando alguien moría, Don Juanito demostraba su arte “doblando “tristemente y sacando a las campanas ayees lastimeros que se esparcían lentamente en el éter y hacían entristecer el corazón. Si don Juan Macas fue un artífice para repiquetear alegre y dulcemente las pesadas campanas de nuestra Iglesia, mucho más artificie fue para doblar las mismas con toques que entristecían al más “macho” y hacían meditar al más incrédulo.

No me equivoco al reafirmar lo antes dicho, y de estos mis paisanos zarumeños son testigos-nadie, desde que murió don Juan Macas ha podido arrancar sonidos en la campanario con esa alegría y con esa tristeza inolvidable.

El toque lastimero de Don Juanito no únicamente se hacia oír cuando una persona moría, sino cuando estaba en agonía y el sacerdote acudía a darle los sacramentos con el Santo Palio que es el que utilizaba también en las procesiones de Corpus Cristi.

Las campanas morían en la misa de jueves Santo, para resucitar el sábado de gloria. Entonces Don Juan Macas sacaba a relucir sus “matracas” tablas con unas agarraderas en los que estaba prendidos unos fierros como joyas y herrajes que con su movimiento golpeaban la madera y la hacían sonar fuertemente.

La “matraca” sustituía la campana en esos días que conmemoraban la muerte de Jesucristo. El sacristán(don Juan)por las cuatro ventanas ubicadas a los cuatro costados de la puntiaguda la torre de la Iglesia Matriz, hacia un llamado a que la visiten con el sonar de las matracas y luego recorría las empedradas calles de la plaza de la independencia , Bolívar, San Francisco, 26 de Noviembre y 10 de Agosto con una matraca en cada mano y con el cortejo de decenas de niños que lo rodeaban al ritmo de su carrera.

Me cuentan que mi amigo Américo Ordoñez había roto sin intención una de las matracas en los años inquietos de su naciente juventud.

Don Juan macas tenía como sacristán otras tareas además de tocar las campanas, acolitar la misa o mover el incienciario. Fabricaba velas porque la señora Irene Pereira, que realizaba ese trabajo había fallecido, y aun mas, Don Juan macas hacia las hostias, para esto en una lavacara preparaba la masa de harina y agua y luego calentaba en las brazas las planchas de hierro, que tenia moldes redondos unos grandes y otros pequeños, calientes ya estas planchas ponía la masa y luego de un chirrido estaban las hostias listas… bueno. Casi listas porque todavía faltaba córtalas con una tijera.

Los muchachos corríamos a pedir retazos para probarlas y aun recordamos que al momento de la comunión a la que asistíamos asiduamente, el sagrado pan se nos pegaba en el paladar y con la lengua tratábamos de desprenderla porque masticarla constituía un pecado.

Cuando niños también aprovechamos los momentos de buen humor de don Juan Macas para que nos obsequie medallas d aluminio con la imagen de la sagrada imagen de la Virgen de El Carmen que presurosos prendíamos en nuestros pechos a manera de collar.

Do Juan Macas en Zaruma, historia, tradición, realidad, por eso lo recordamos, como recordamos el alegre cantar o el lamento triste de las campanas de nuestra respetada y querida Iglesia Matriz.

… Subir

LOS GRINGOS

Autor: Gonzalo Rodríguez Calderón

“1896.- La South América Develpment Company (empresa norteamericana)-anota el doctor Curtis E. Sauer (medico del gran país del norte que llego a estas tierras y se caso con una zarumeña) en su obra Extractos de la Historia de Portovelo-asoma acá y adquiere las propiedades de la Zaruma Golf Mining Co. Limited en la subasta realizada en Machala, capital de la Provincia de El Oro. El Sr. William Adam Kissan fue fuerza motora de la SADCO y contribuyó a la compra de dichas propiedades. Este señor era pariente de la familia norteamericana Vanderbilt.

El señor de apellido Newberry es primer Gerente de la SADCO. Falleció muy poco después y se dice que fue en la alta mar viajando a Nueva York. En recuerdo y honor suyo se le puso de nombre Newberry y túnel principal de la mina, así como también el club social norteamericano Organizado en Portovelo.

Sobre las terminaciones de sus labores el Dr. Sauer apunta: “la SADCO., después de hacer donaciones de equipos, materiales secundarios y tantos otros artículos no necesarios para las labores minera, dejo prácticamente de existir en portovelo el 31 de diciembre del año 1950.

Durante los largos años que los gringos permanecieron en estas regiones, dejaron cosas buenas y cosas malas, mas no es intención juzgar su actuación, ya muchos lo han hecho en diferentes épocas y en diferentes publicaciones. Lo que deseamos plasmar en el recuerdo, es la curiosidad que despertaron en nosotros, niños aun, cuando llegaban los domingos montados en hermosos caballos y se bajaban en la tienda d licores que tenía mi recordado en los bajos del hotel Colombia, edificio que desapareció por un incendio en el año 1959.

Llegaban los gringos, grandes, sucos, de ojos azules, y a veces arribaban gringas muy , pero muy hermosas, lo hacían por la mañana y se servían dl mejor licor, comían , jugaban naipe o dados, oían música y retornaban a Portovelo en los lomos de las nobles vestías.

Muchachos curiosos nos gustaba mirar los briosos caballos y escuchar su tertulia en un idioma del que no entendíamos ni jota, que luego remendábamos alegremente, y casi siempre los gringos nos lanzaban una bolsita con monedas metálicas, lo que provocaba la formación de una montonera ya que toda la muchachada se abalanzaba en procura de obtener la mayor cantidad de “cuartillo”, medios o pesetas.

Antes se expendían licores en el Barrio Machala que estaba fuera de la jurisdicción del Campamento Minero de Portovelo, pero a raíz de la prohibición de todo tipo de bares o estanquillos terminaron en dicho lugar.

En el libro “Oro y Sangre de Portovelo” de Ricardo A. Paredes consta lo siguiente: “Después de la masacre de los overos, niños y mujeres, que realizo la Dictadura de Páez el 18 de enero de 1936. Fueron clausuradas las cantinas del barrio “Machala”, pero con esa medida no se logro suprimir el alcoholismo porque las cantinas se trasladaron a Zaruma. Simplemente el gobierno al decretar esta medida seguía las ordenes de la SADCO. Que quería eliminar a una serie d competidores en el comercio, pues hay que ver que las cantinas eran proveedurías de víveres, vestidos y medicinas.

La gran verdad de los zarumeños estábamos acostumbrados a ver continuamente las caras de los gringos; sí, por muchos años. Si fueron buenos o malos que dios lo juzgue al amparo de su larga sabiduría.

… Subir

EL HOJALATERO DEL BARRIO

Autor: Gonzalo Rodríguez Calderón

Ha sido la calle 9 de octubre la calle de mis juegos infantiles, de mis andanzas juveniles y aun ahora con unos cuantos años a cuestas, sigo viviendo en esta barriada.

En esta calle había un viejo edificio de madera que fue demolido hace unos años para construir una casa de hormigón del Sr. Víctor Campoverde.

A este edificio de madera de dos plantas se lo conocía con el nombre de “convento viejo”, en un cuarto de la planta baja vivía el hojalatero del barrio, Don Néstor Vélez, un veterano delgado, alto, con pelo que le iba blanqueando a medida que le transcurría el tiempo. Don Néstor paso más tarde su taller a la casa de los herederos de la familia Galarza, ubicada en la misma calle unos metros más arriba.

De allí el maestro hojalatero, fabricaba regaderas, hacia embudos, construía canaletas para la recolección de aguas lluvias, mandaba al mercado lámparas de kerosene, etc., etc. Muchachos entonces nos gustaba ver los trabajos, y habilidades que el realizaba, y el nos aceptaba gustoso, conversaba, nos permitía coger pedazos de lata para cualquier travesura infantil. Pero a medida que el peso de los años le iba cayendo su carácter fue cambiando. El hombre bonachón y generoso se fue tornando serio y poco comunicativo y en sus últimos años no aguantaba pulgas. Y cuando los muchachos rodaban presurosos en las tablas que se les ponía cebo, cuando se les ponía esperma u otras cosas que la hagan resbalar , y jugaban en la calle, este bullicio le molestaba y ya que la muchachada no le obedecía en sus requerimientos de no hacer tanto escándalo, le hacia una broma poniéndole vidrios o poniéndole tachuelas en el suelo para que no haya como expulsarse con las manos.

Cuando la pelota de los juegos callejeros, por desgracia paraba en su taller, era devuelta pero con un hueco hecho con el cautín caliente.

Sin embargo no todo era así, en sus aburridos días de vejor lo que no aguantaba eran los bullicios y el molestar de los pibes, pero en cambio era caritativo y afable con la gente pobre y tenía “chispa” para hacer sus pasadas a personas ingenuas por lo cual existían planes premeditados, con Don Aparicio Lituma o Don Carlos Cely.

El hojalatero del barrio fue un personaje muy conocido en la ciudad y en sus últimos años, una fiel amiga, la famosa lora de Don Cándido Rodríguez, con la que conversaba todos los días y disfrutaban los dos del almuerzo cuando el sol hacia caer sus rayos verticales sobre esta tierra prendida en la cordillera de Vizcaya.

… Subir

PELEA DE PERROS

Autor: Gonzalo Rodríguez Calderón

En un libro de Antonio Uribe leí la historia del “Perro Negro” en el cual el mismo diablo se presentaba en forma de un enorme y grotesco can del color de la noche. Dice el autor a este respecto: “era y seguirá siendo una temible aparición del maligno, en horripilante figuración de un mastín negro, de ojos fosforescentes y temibles aullidos, echaba “chispas”, por ojos y boca, en las noches oscuras y medrosas, recorría los caminos o las calles de los pueblos, infundiendo extraño pavor”.

“para el campesino timorato, para el labriego del alma sencilla y corazón bondadoso, este “embriago” conformaba en la sencillez de sus espíritus del mismo demonio, eterno atormentador de la humanidad y cómplice aceptado de todas las maldades de los hombres.

En Zaruma años atrás, existieron unos perros que no siendo justamente la encarnación de Luzbel, fueron unos verdaderos “diablos” para pelear. Eran dos enemigos acérrimos que no se podían ver ni en pintura y diariamente ofrecían al viandante, en las calles de la Villa, lo grotesco y lo reñido de una real pelea de perros.
“Yaky” un can de media sangre bóxer de propiedad de Gonzalo Carrión Guzmán era un contendor, de color café, musculoso, fornido y con dientes afilados y “Sansón” era el otro con sangre en sus venas de pastor alemán, con pelaje abundante y porte aristocrático, siendo su amo el conocido Francisco Palacio(padre) esos dos perros en verdad eran enemigos declarados y como que hubieran firmado un pacto de desafío permanente, todos los días se enfrentaban en tenaz y sangrienta lucha por allá en las esquinas de la Bolívar y San Francisco.

Ladraban, se mordían, sangraban, se revolcaban hasta el cansancio, y luego de retiraban agotados, tomando cada uno su rumbo y regresándose a ver como quien diciendo “mañana nos enfrentamos nuevamente”. Y así sucedía, al siguiente día, un nuevo round de pelea perruna sin tregua.

La gente estaba acostumbrada a este bullicio y no faltaban los muchachos que se citaban para ir a espectar la pelea de perros.

Pero por la misma época no todo era pelea para otros caninos que no querían presentarse al teatro de la tradicional pelea ni como separado, ni como defensores, por eso “Boby” un perro –lobo del difunto Beliano Romero, se transformo en el don Juan del pueblo, y mientras los otros peleaban el se dedicaba a sus coloquios y no había perra que por mas orgullosa o por mas pedigree que exhibiera, que se resista a sus ardientes amoríos.

Y hablando de perros, recuerdo que mi madre me contaba que un perro grande y respetable que había en casa y que estaba muy bien amaestrado, hasta el punto que cuando la venta de carne se hacia, donde hoy funciona la Imprenta Municipal, el llevaba en su trompa una canasta con un papel de pedido en su interior y el dinero correspondiente, y los expendedores Sres. Luis Sotomayor, Antonio Guzmán, o Aurelio Hidalgo le ponían el pedido en el canasto, y el canino regresaba airoso a su casa, y por supuesto nadie se atrevía a quitarle su valiosa carga.

Volviendo al caso de “Yaky” y “Sansón” por mucho tiempo siguieron en su mortal desafío, hasta que un día fue menester dar muerte al furioso “Yaky” por haber atacado sorpresivamente a una niñita de la ciudad.

Esta remembranza nos hace meditar, no será que nosotros los humanos estamos protagonizando una constante pelea de perros.

… Subir

EL TREN

Autor: Dr. Gonzalo Rodríguez Calderón

Zaruma es una tierra legendaria pues, fundada que fuera en 1549 por Alonso de Mercadillo, lleva en sus páginas muchos hechos, leyendas o tradiciones que se han acumulado en los siglos de su existencia. Preocupado el autor por estos aconteceres ha escrito algunos folletos que recogen vagamente algo de ello, pero, la temática es inagotable, razón suficiente para no quedarse estático y continuar con esta recopilación que es parte de la vida zarumeña de ayer (o de hoy).

Nos referimos ahora a un hombrecito pequeñín, cuyos pies descalzos recorrieron las calles de la Villa y sobre todo trajinaron raudos, por mucho tiempo, por el camino que une a Zaruma con portovelo por la cuesta de El Castillo; este hombrecito usaba sombrero, de paja unas veces y de paño otras alcanzo mucha popularidad en la Sultana de El Oro y en el entonces Campamento Minero de Portovelo, recordamos que se llamaba Fidel , pero casi nadie lo conocía como tal sino con el mote de “El Tren”.

Desde algún lugar serraniego, llego a estos lares, abandonando su choza, sus cerros acariciados por el viento frio…sus trigales mecidos por la brisa…Llego a Zaruma por los años 30 y encontró un trabajo muy peculiar, transportar la comida preparada a los hombres que viviendo en esta ciudad, laboraban en Portovelo, Campamento al que se trasladaban todos los días. Para su trabajo don Fidel se olvido del poncho compañero y lo abandono en algún rincón del cuartito en que vivía.

En un comienzo llevaba tres o cuatro portaviandas, pero más tarde fueron diez, quince, veinte y para ello tuvo que hacer funcionar su imaginación: en dos tiras de fuerte madera, de tres metros cada una, aproximadamente, ataba con seguridad en cada una diez portaviandas repleta de olorosa y apetitosa comida.

Era puntual, exacto como un tren, cumplía su itinerario a cabalidad y las horas de salida y llegada no podían fallar. Por eso, antes de las once de la mañana esperaba los portaviandas frente a la Iglesia Matriz y acomodados sus “vagones”, a las once en punto balanceaba sus varillas, en cada mano y se enfilaba cuesta abajo por la calle Rocafuerte; hacia un descanso y un viraje en la casa del maestro Encalada, posteriormente algo similar en “La Bomba” y luego si, a trotecito lento, sin jamás disminuir este ritmo, bajaba y bajaba hasta llegar a su” estación”. Las personas que vivían a la vera del camino no necesitaban reloj, simplemente veían pasar “el tren” y sabían la hora exacta.

La cantidad de portaviandas que eran los “vagones” y el choque que se producía entre ellas que se significaba el ruido del motor, sumándose a ello el trotecito de don Fidel que suficiente para que la chispa zarumeña lo rebautizara con el apelativo de “El Tren”.
Es de destacar que en sus hombros llevaba las alforjas, allí ponían las botellas cerveceras o de las que habían sido llenadas con café endulzado, limonada o “pinol” y tapadas con corcho o un pedazo de tuza. Cargaba más o menos veinte botellas y todas eran entregadas a los dueños sin equivocación aunque todas tenían similares características. Algún zarucho, cierta vez, con el afán de molestarlo y más que todo, para ver indicio de equivocación, le protesto diciéndole que la botella con café no era la que le pertenecía, pero “El Tren” sin inmutarse con solemnidad contestó: ¡Esa es! Y en verdad esa mismo era.

“El Tren “era exacto en su arribo a Portovelo; todos los días llegaba faltando cinco minutos para que suene “el pito” de las once y media, que era la señal de descansó para que los trabajadores almuercen. Se “estacionaba” en las inmediaciones de las oficinas de la SADCO, donde había un espacio verde con unas bancas de madera y ahí entregaba a cada uno su apetitosa carga calientita. Varis le hacían participe de su almuerzo y terminando el mismo, recogía las portaviandas, las ataba a las tiras de madera y emprendía su retorno por la empinada cuesta de El Castillo, con el mismo trotecito de siempre.

Cuentan que en un comienzo cobraba dos reales por cada portaviandas y que conforme pasaron los años este valor subió a $1.20.

Así transcurrió la existencia de nuestro querido “tren”. Al terminar la South American Development Company, que era la compañía yanqui que explotaba el oro, también se termino el Tren. Dicen que incognito murió en un rincón zarumeño, aunque otros sostienen que regreso a su choza sentada en los cerros acariciados por el viento, para dar descansó a sus agotados pies y musculosos brazos y dedicarse a mirar apacible los trigales movidos por la brisa.

Pues si mis amigos, aunque parezca imposible Zaruma ha tenido su propia e increíble locomotora.

… Subir

UNA ZAPATERIA SINGULAR

Autor: Dr. Gonzalo Rodríguez Calderón.

En una vieja “Revista de las Américas” leía unas apreciaciones sobre un humilde zapatero, apreciaciones que deseo citarlas para dar forma al tema que voy a enfocar sobre una zapatería muy singular que años atrás funcionaba en esta, mi querida Zaruma.

En la esquina de la calle en la que se levantaba una Vieja casona y en un miserable zaquizamí que apenas si tendría cuatro metros por lado, vivía el zapatero remendón, con su mujer y su prole.

Separaba la “casa” del taller un biombo, si tal pude ser un lienzo clavado en cuatro listones y pegados en portadas de revistas ilustradas, programas de cine, retratos de políticos, todo mustio y resquebrajado.

El taller ocupaba la mitad de la puerta y tenía tres palmas de fondo: el banco, la mesita, el tarro de engrudo, la herradura imantada para recoger los clavos, martillos, la lezna, etc.

Sobre el quicio, el gato. Adentro: algunas hormas, las camas, hornillas, y un asqueroso hacinamiento, trapos y cueros, el hogar, en fin. El criadero de carne triste y sudorosa.

Trabajaba de seis a seis. A veces de seis a siete, a ocho según el quehacer.
Era de ver entonces, a la luz de una tímida lámpara, su menguada figura, la calva incipiente, aquel mechón que le caía sobre los ojos y en el cual engrasaba la lezna; sus rodillas juntas, sus pantalones arrugados y sus zapatos deshechos; que ya se sabe los zapateros son siempre los peor calzados.

Y así la vida; dale que das; sin más recursos que la labor de cada día ni más consuelo que la borrachera ritual de cada domingo ni otro entretenimiento que la fabricación de chiquillos terrosos, enteleridos y enclenques.

Y los años pasaban y la vida seguía en curso, el zapatero continuaba remendando zapatos durante el día, fabricando chiquillos durante la noche, leyendo revistas viejas los sábados y emborrachándose los domingos.

Y es que nada es más triste que unos zapatos viejos. Unos zapatos rotos, abandonados, son más dolorosos que la agonía de un perro abandonado. Son la imagen descorazonadora de nuestros pasos perdidos. Tienen toda la inutilidad de nuestras andanzas sobre la corteza terrestre.

Un zapatero como este fue a trabajar más tarde en aquella zapatería muy singular y su temperamento triste se torno en alegre, pues en aquella zapatería de Don Cándido había un grupo de obreros alegres, dicharacheros y bromistas y es por eso que su carácter y su modo de ser cambio notablemente.

La zapatería de Don Cándido como se conocía regularmente, era de mi padre y estaba localizada en la calle 9 de Octubre, justamente donde yo levante la casa que alberga a mi familia. Allí había un galpón que era la zapatería, seguida por un tapial que servía de cerramiento a la propiedad y que escondía un horno grande en donde mi madre hornaba semanalmente el pan para la casa y ese olorcito a pan caliente, trascendía por todo el barrio; posterior a ese horno, un jardín con flores desperdigadas con hojas ornamentales con dos plantas de guayaco y una más erguida que era un guabo. Más abajo había una puerta donde pasaba la popular y parlanchina lora, cantora y mal hablada, que atacaba a los muchachos que le faltaban el respeto.

En la zapatería trabajaron en distintas épocas: Don Nicanor, Don Sempertegui, el conocido “chazo” José Antonio Jara que era “aparador”, Eduardo Járrin, Víctor Lituma, “Quiruche” Sánchez, “Shalvita” Durán, Antonio Placencio y otros tantos que hicieron historia por su trabajo eficiente y por sus constantes picardías y bromas que perduran en el recuerdo.
A los curiosos los invitaban a sentarse en un banco con tiras de suela, pero previamente habían colocado una tachuela de punta o una buena cantidad de pegajoso almidón, o bien ataban un billete a una peola para que algún afortunado se lance a cogerla pero no podía hacerlo, porque el billete corría presuroso, halado por uno de los bromistas. Invitaban a que un transeúnte los visite y una vez que estaba en la puerta, le caía desde un tarro grande una cantidad de agua que lo bañaba de la cabeza a los pies, este tarro era movido por un sistema de soguillas y poleas.

En fin, tantas cosas sucedían en esta zapatería muy singular, sin embargo el calzado que salía de esos talleres era de primera y lo digo sin vanidad, porque los zapatos que vendía mi padre eran de prestigio en el sur de la patria. ¡En verdad que eran buenos!

… Subir


ESPANTOS EN LA MINA

Autor: Gonzalo Rodríguez Calderón

Algunos mineros, cuentan que existen en Zaruma túneles tétricos donde espantan y no hay como trabajar con tranquilidad. Por allí en esos socavones, nadie quiere andar solo, hay que ir acompañado por sí, el diablo, el duende o alguna bruja maligna se presentan.

Las Villa Real de Minas del Cerro Rico de San Antonio de Zaruma tiene una tradición minera innegable y actualmente hay un despertar por la explotación aurífera y miles de “petroleros” experimentados unos y neófitos otros, penetran diariamente por las negras fauces, que conducen a las rocas preñadas del bello metal. Se han tejido leyendas hermosas como aquellas que la Santísima Virgen del Consuelo se les apareció a tres indígenas que quedaron aprisionados en una mina, les llevaba comida durante los días de cautiverio y luego los salvo, quitándoles el peso de una muerte segura, así como este hay un sinnúmero de narraciones en que prima el milagro, la bondad, el amor; pero también se conoce de otras leyendas que por el contrario, son maléficas, terroríficas, increíbles que en las minas se oyen quejidos lastimeros, que hay soplidos extraños que apagan las lámparas de carburo, que se observan sombras siniestras que corren presurosas por los túneles húmedos e interminables, que una mano invisible los coge de la camisa, etc. Todo esto a no dudarlo, es para ponerle la carne de gallina a cualquiera. ¿Será verdad? Así lo han contado los mineros de ayer y lo ratifican los de hoy.

Dicen que a veces se inhalan olores fétidos y que unos pasos se hoyen el fondo oscuro. Será que ha llegado por estos lares el “patetarro”?. Hace poco me entretenía con una leyenda colombiana, justamente de mineros de oro como los nuestros.
Al respecto de esta leyenda y según el libro, un viejo minero en tertulia cantinera con otros compañeros, les dice:

”A mí, eso que estoy contándoles me da escalofrió porque el patetarro y Dios y la Virgen nos libren de el disque es un hombre enorme, con el pelo parado, con los ojos salidos y con unos colmillos como el del saíno. Tiene una pierna podrida con llagas fétidas y que se amarra un tarro de guadua para apañar la pestilencia, que es la misma que hecha sobre los campos para que salgan los gusanos, hormigas y alimañas.”

Sus gritos se oyen desde lejos y como si el condenado se mete en los socavones dejando su hediondez cuando quiere acabar con los cristianos, o les hace otros males: o se pierde el filón de oro que se tapo por suerte. También está en los montes más oscuros, se vuelve una lechuza grande que persigue a la gente y todo lo esconde para meter miedo.

Ojala no sea el patetarro el que ha llegado por estos rincones y anda escondido en las minas zarumeñas, por eso hay que tener más fe en Dios y los “petroleros”, algunos por supuesto dejaran la ambición desmedida y favorecerán a las personas que no tienen ni para llevar un pan a la boca.

… Subir

LA VACA QUE CAYO DEL CIELO

Autor: Gonzalo Rodríguez Calderón

Suceden a veces en Zaruma cosas insólitas dignas de hacérselas conocer a pipley para que haga negocio con los periódicos del mundo.

Estas líneas las escribo el 3 de agosto de 1985 y del hecho que voy a narrar apenas han transcurrido 2 meses, el asunto es que una negra, grande y fornida vaca fue traída del campo al la ciudad de Zaruma para, en el Camal Municipal, ser faenada y poder vender su carne en el mercado, el señor Roberto Carrión fue quien mediante un contrato transporto el bovino hasta el matadero, allí la vaca negra fornida quedo esperando hasta que le llegue su turno que le permitieran convertirse en bistec, para que con un delicioso arroz ir a parar a los estómagos de los golosos zarumeños. Es costumbre de esta tierra pelar las reses en hora de la madrugada, y a la robusto vaca le llego su hora en eso de la una de la mañana, los matarifes presurosos la condujeron a la sala de sacrificios, la tendieron en el piso y la ataron a sus extremidades a unas grandes argollas.

Un filudo cuchillo penetro en su cuerpo hasta lastimarle el corazón y un chorro de roja sangre broto rauda por la herid, pero el animal se resistió a la muerte, todavía quería seguir viviendo para deleitarse de las penalidades de este mundo y aprovecho que sus patas no habían sido bien amarradas y con la desesperación de la muerte que quería llevarla se paro violentamente y sale en precipitada carrera del Cama, subiendo jadeante la calle de la Colon y desde allí empieza un corretero desesperado por las estrechas y tortuosas callejuelas zarumeñas.

Conocemos bien aquellos que nacimos en esta villa y aquellos que no nacimos en ella , nos han visitado, que Zaruma es una tierra accidentada, completamente irregular, con casas que por un lado tienen un piso y por el otro 4 o 5 o con edificaciones que por el frente tienen una calle y por la parte posterior una loma. Por estas irregularidades corría de madrugada la vaca desesperada tomando la calle sucre y dejando un rastro de sangre, sube por las escalinatas que dan acceso a las casas de los herederos del Señor Segundo Galarza y por detrás de estas continua su alocada por un bordo que justamente estaba en los techos de las otras casas del sector.

Corre y corre el desgraciado animal con su corazón herido, y con su desesperación seguía por donde la nariz le apuntaba tal es así que del bordo mencionado pasa al techo de la señora Orfa Astudillo mete un estruendo infernal pisando la cubierta del zinc, y todos se sobresaltaron porque creían que era un terremoto, continuaba el animal sobre el techo y llega a un sector donde no tenia zinc sino eternit, se rompe este con el excesivo peso de la grande vaca cae en la sala de ese mismo departamento donde habitaba el señor Carrión que la había transportado para su sacrificio. Imagínese lectores del susto que habrá pasado esa gente, que cuando estando durmiendo plácidamente de pronto a las 2 de la mañana les cae una vaca del cielo. Terrible estruendo al caer sobre un elegante sofá que orgullosos los dueños tenían en la sala; el animal herido ahora golpeado por la caída llego a adoptar poses de locura y empezó a correr de un lado a otro de la sala, buscando una salida. No la encontró, únicamente una puerta abierta que quedaba en un dormitorio de una niñita que descansaba con un pesado sueño.

El padre de la niñita viendo que el furioso animal entro al dormitorio de su hija corrió a protegerla y en esos afanes de salvación la vaca golpea a la criatura con esos duros cuernos dejándola en estado de gravedad. Haciendo esfuerzos sobrehumanos el Sr. Carrión logra abrir la puerta de calle y luego de varis malabares como si se tratase de un diestro torero, logra que el animal salga, quedando con un susto terrible con el corazón golpeándole violentamente en el pecho y en sus brazos su tierna hija sumida en el dolor.

La vaca luego de una larga persecución, fue cogida y ahora si bien atada, recibió otra cuchillada y junto con un mugido desesperante hizo escuchar su último suspiro.
Así es aunque no lo crean una vaca cayo del cielo para ser mas veraces-del cielo raso.

… Subir


LAS LUMINARIAS
(Tradición zarumeña)
Autor: Gonzalo Rodríguez C.

Todos los pueblos casi sin excepción tienen sus tradiciones y sus costumbres, que por fuerza de conservación se van trasmitiendo de generación en generación. Las tradiciones están casi siempre vinculadas con hechos o sucesos que tienen alguna relación directa con la iglesia y la religión.

En el caso presente vamos a tratar de relatar de la mejor forma y de estas tradiciones aprovechando de los pocos recuerdos que aun conservamos, y a la vez, valiéndonos también de datos concretos que hemos obtenido de fuentes verídicas y bien informadas, con el fin de darles mayor veracidad a este relato.

Si la memoria no nos traiciona, creemos que hasta hace unos sesenta años existió una costumbre tradicional y muy zarumeña, que se la practicaba en todas las festividades de nuestra Villa; pero con razón podemos asegurar que las Luminarias lucían con mas lustre y esplendor, en el mes de Julio de cada año con motivo de los festejos y en honor a Nuestra Virgen del Carmen.

Todas las personas que tienen setenta o más años de edad, seguramente recordaran y quizás añoraran también la importancia y significación que tenían en esos ya lejanos años, la fiesta y feria que se realizaba en honor a la Santa Imagen, naturalmente que se celebraban otras, donde no faltaba la concurrencia de los fieles y se realizaban actos de toda índole, con la solemnidad y pompa requeridas, como la fiesta de San Antonio , por ejemplo; pero, indiscutiblemente las celebraciones y festejos de la del Carmen , eran y siguen siendo las principales. Hagamos un poco de historia.

En nuestra Villa en la que en esos tiempos no llegaba de forma tan acentuada la bienhechora mano de la civilización, de la que estamos gozando hoy, con mucha suerte, carecía de los espectáculos que ahora sirven de base para la formulación de programas, en nuestras festividades, teles como: los deportes, el cine, la radio, etc., así como tampoco existían las vías carrosables que en la actualidad son el fundamento para muchas actividades, pues estas cosas maravillosas que ahora pasan desapercibidas, porque las tenemos a mano y el ciudadano desde que nace ya goza de sus beneficios; antes no se podía decir lo mismo y nuestras fiestas se desarrollaban en muy distinta forma.

Concurría mucha gente de las vecinas provincias, de Loja en especial, así como también del Azuay, siendo la mayor parte de negociantes que tenían que recorrer a lomo de mula, tres, cuatro y hasta cinco días para llegar a nuestra ciudad para realizar sus transacciones comerciales. Así tenemos que de Célica, Catacocha, Cariamanga, Saraguro, llegaban gran número de personas trayéndonos variedad de productos comarcas, y en especial, era muy elocuente el significativo negocio de mulares, por su conocida clase y bondad. Acudían también nuestros comprovincianos del Cantón Sta. Rosa y otras regiones de la Patria; y la importancia de la feria de Julio en Zaruma, era tal que acudían numerosos negociantes de la República del Perú.

Estos negociantes y turistas después de vender sus productos o intercambiarlos con los nuestros, permanecían en el pueblo el tiempo necesario para recordar y visitar sus buenas amistades, o hacer otras gozando en igual forma de las festividades, como también de la amable hospitalidad y caballeroso trato de los zarumeños.
Por la noche y ya terminada las preocupaciones y azares de sus negocios, todos habitantes se dedicaban a festejar con verdadera unción a la Patrona de la Villa, la Santa Virgen del Carmen.

Luego del Santo rezo de las seis de la tarde, todos los fieles salían presurosos a gozar de momentos de solaz, dándose cita en la plaza pública, que siempre para estas ocasiones quedaba estrecha para dar cabida a tan numerosos festejantes, los mismos que encontraban el ambiente lleno de alegría, por las notas melodiosas que entonaba la banda de músicos de la Villa, dirigida como era costumbre a los balcones de la antigua torre de nuestra iglesia.

Sana alegría se notaba en los rostros de nuestros zarumeños, pues tanto hombres como mujeres salían “togados”, se paseaban ufanos y contentos alrededor de la artística y hermosa pileta de estilo español que ayer, así como hoy, ocupa el centro de nuestra histórica y legendaria plaza.

Y aquí viene el motivo principal de este relato: como en aquellos años de 1920, Zaruma aun no contaba con alumbrado eléctrico, se servía para ello de una graciosa y original costumbre de iluminación, para las grandes solemnidades y festejos.
Las personas escogidas con el nombre de “priostes”, les correspondía sufragar los gastos de uno de los días de la fiesta, juntamente con el Cura Párroco y el comité especial que aun laboraba en estas festividades, tenían entre otras cosas, la obligación de de procurar una eficiente iluminación en la plaza pública, para lo cual se tomaban las medidas pertinentes para el caso.

Se adquiriría la cantidad necesaria de velas de buen tamaño, la que una vez obtenido el permiso correspondiente de los propietarios de las casas escogidas y que circundaban la plaza, se colocaban dichas velas en los vistosos y largos valones de los mencionados edificios, que eran numerosos, así como también en sus ventanales y en todo lugar donde se podía colocar una cerilla o luminaria.

Pues, en verdad era muy hermoso el espectáculo que ofrecía al espectador, nuestra principal plaza; ya puede imaginarse amigo lector imaginarse el conjunto de miles de luce sitas colocadas uniformemente alrededor de la plaza y que llegaban hasta la torre de la iglesia. La que en ese entonces tenía también balcones como ya lo anotamos anteriormente. Muy pintoresco en verdad resultaba el ambiente, en el que por otra parte era notoria y abundante la presencia de infinidad de luces de bengala, así como la variedad de piezas de pirotecnia que con toda prefución se quemaban aumentando el entusiasmo de los espectadores y el encanto de aquellas noches inolvidables.

LAS LUMINARIAS.- dejaban el sabor de la alegría y durante algunas horas, mientras se desarrollaban todos los números programados en la noche, y es así como rifas y variedad de diversiones para chicos y grandes contribuían al mayor desenvolvimiento de estas horas de sano esparcimiento, y cuando estaban por consumirse las velas que se habían colocado para la iluminación, los alegres zarumeños se retiraban a sus hogares satisfechos de haber gozado de momentos de paz y de alegría.

Las iluminarias, entonces resultaban además de ser de imprescindible necesidad en aquella época, uno de los números de mayor atracción y que mas gustaba a los festejantes, por su vistosidad y colorido; y para nuestras mentes infantiles, todo aquello constituía un espectáculo de inolvidable fantasía y ensueño.

Hoy que estamos recordando todo aquello nos parece haber vivido en un mundo distinto, de una época lejana y feliz y nos viene a la idea de pensar como la generalidad de la gente, que todo tiempo pasado fue mejor.

… Subir

 
Chatea en Línea Unete a nuestra red de amigos
 
Orenses.com © 2009
ORO Adventure
Operador de Turismo
Parque La Independencia 017 (Junto Bco Machala)
(593-7) 2972-761 / 093-094-707
Zaruma - El Oro - Ecuador
Chatea en Línea Unete a nuestra red de amigos